lunes, 21 de febrero de 2011

LA REVOLUCIÓN DEL JAZMÍN

Al final, va a ser más que evidente que la situación de estabilidad en todo el norte del continente, por no decir en todo el continente africano, ha estado cimentada en un orden sin libertades públicas que ampara también, la mayor de las corrupciones. Ese modelo ha estado además sostenido por todo el mundo occidental, pero especialmente Europa que no sólo no ha sabido aprovechar la cercanía física para exportar los principios de igualdad, fraternidad y libertad, sino que se ha sumado sin pudor a la explotación más feroz de los recursos de esos territorios y contribuyendo al mantenimiento de desigualdades sociales cada día más lacerantes.

No tiene ya mucho sentido hablar de nuevas formas de colonialismo, pero sí de una complicidad recompensada con interesantes contratos para grandes compañías que operan al amparo de los dictadores de turno. Italia, Francia, Bélgica, incluso España, son países con grandes carteras de negocios en esos territorios y que han participado en la cadena de corrupción que hace que todo se mueva en torno al poder de monarcas o presidentes sin escrúpulos que hacen de sus países sus negocios personales.

Parece además que nadie estaba preparado para lo que ha llegado.
Todo el mundo en occidente se había buscado la excusa del islamismo radical para justificar las insoportables situaciones de opresión y ahora, cuando quienes se levantan en las calles no quieren ni oír hablar de esa bandera, todo el mundo queda algo perplejo.

Resulta que los ciudadanos y las ciudadanas de  Túnez, de Egipto, de Libia, de Argelia, de Marruecos, de Yemen,,, lo que quieren es libertad y, sobre todo, dignidad.
El muchacho que encendió la mecha de la revuelta en Túnez lo hizo porque prefiría morir que perder la dignidad.
Un carrito de frutas destrozado por la misma bestialidad de siempre, por esa policía que hemos visto en tantos sitios, cometiendo los mismos abusos, cobrando unos pocos dirhams por pasar una frontera, por poner un negocio, por no ponerte una multa, ...    
No sería mal asunto que al menos algunos, dado el decepcionante papel de los partidos de la izquierda, nos fuéramos convirtiendo en cómplices de ese anhelo de dignidad.

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