sábado, 14 de abril de 2012


LA COLUMNA

Cordero pascual

JUAN CAÑAVATE | ACTUALIZADO 12.04.2012 - 01:00
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DESVELADOS los secretos de la Epifanía mariana a los cuatro meses de su ascensión a las cumbres terrenales y casi celestiales, (Mariano tiene mucha mano con la Conferencia Episcopal) se empieza el público a tentar lo poco que le va quedando debajo de la ropa en previsión de que al elegido se le ocurra la brillante idea de contar con su presencia en el cotidiano sacrificio del cordero místico, no vaya a ser que el convite obligue a poner el cuello mientras los amigos del oficiante, esa banca tan amable y comprensiva con los problemas de España, se zampe el banquete. 

Y es que si te invitan a esta fiesta y una vez visto el menú y lo que hay que comerse, aunque sea con la ayuda de una tortilla de omeprazoles, te dan ganas de hacer una declaración solemne y jurada de que, por lo que al banquete pascual respecta, con el arroz y las tres tazas, va uno servido y que si no tiene a bien el anfitrión mandar ninguna cosa más, mejor sería pasar a los postres saltándose el segundo plato y, si me apuran, levantarse de la mesa y dar por concluido el ameno ágape de carros y carretas con el que el oficiante y sus acólitos -que no olvido al hermano Guindos- nos hace comulgar por las mañanas con aviesa y retorcida intención, que no es verdad el bulo de que Mariano no sabe lo que guisa. Porque la que tiene liada en la cocina no se improvisa por más que uno haya nacido entre fogones, aunque bien pudiera ser que no fuera de su mano la receta y que siga con entusiasmo las instrucciones que recibe, con cuidado de no dejarse distraer por moscas volanderas mientras le sobrevuela amenazante la fusta de frauMerkel. Y es que obedecer se hace inevitable cuando quien te susurra las órdenes en la oscuridad es esa especia de Obergruppenführer de la derecha alemana, como inevitable viene a ser que la obediencia se vuelva ciega y muda y casi tonta que así, como de bordeline, empiezan a ser los argumentos pueriles con los que intentan justificar sus siniestros deseos. Y es que la derecha pascual europea no tiene otra intención que la de hacer desaparecer el Estado. No el Estado del bienestar como algunos ingenuos piensan, sino el Estado entero con tal de convertirlo en un negocio. Y si empezaron ya hace años en España con Argentaria y luego siguieron con Campsa y después con Teléfonica y más tarde con las cajas de ahorros y alguna cosa más, no duden que acabarán con la sanidad pública, la educación, las pensiones y con la Alhambra si se tercia y, si no, al tiempo.

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