domingo, 24 de abril de 2011

YOIGO NOOYE Primeras mentiras

Bien, ahora os contaré mi aventura yoigo para que quede claro con qué clase de empresa os podéis encontrar si se os ocurre la peregrina idea de contratar con ellos un servicio.
El miércoles me llega un mensaje de yoigo diciendo que el departamento de riesgos entiende que me excedido en el gasto y que me corta la línea.
Veréis, no es que tenga facturas por pagar ni nada de eso, sino que entienden que mi situación es de riesgo y me cortan la línea.
Lo curioso es que no me cortan sólo la línea en la que me he excedido y que, según plantean en un contrato que yo, lógicamente no he leído en su letra pequeña, me pueden cortar, es que me cortan dos líneas, una en la que me he excedido y otra en la que no.
En ese momento, me pongo en contacto con ellos y me dicen que si pago de forma inmediata con tarjeta el ochenta por ciento del consumo, me desbloquena las líneas. Como no estaba por dicutir y empezaba mis vacaciones, les doy mi tarjeta y me pasan sobre la marcha la factura.
Al rato me llega un mensaje diciendo que dado que he pagado, me han desbloqueado las líneas. Primera mentira de la compañía YOIGO.

miércoles, 13 de abril de 2011

UN DÍA CUALQUIERA

Un día cualquiera

COMO si fuera un día cualquiera, paseo despreocupado y casi feliz, por la rue Rivoli, junto al Louvre en un hermoso y vibrante día de abril. Me detengo dilatando el tiempo y dejo que la cálida luz me acaricie ante el escaparate de una librería, casi feliz, insisto, hasta que, de pronto y tras el cristal, descubro en la primera página de un periódico español, a un hombre anónimo que empuja un armario con las deliberaciones (legalmente secretas) y los acuerdos del Consejo del Gobierno andaluz camino del juzgado. Y aunque era como un día cualquiera, me pregunto: ¿qué pinta junto a la Place Vendòme aquella imagen surrealista que rompe en pedazos la dulce mañana parisina? Y mientras eso me pregunto, comienzan a fluir y a refluir por el esófago arriba, la vergüenza y la indignación hasta la ira por esa broma repugnante, por esa panda de mafiosos que no debieron existir y menos en este día que era como cualquier día, y también pienso que no son sólo ellos y sus amigos los culpables de que la puñetera foto me haga olvidar los macizos de flores de las Tullerías. No es sólo el puñado de gañanes, que, en este país de Gürtel, Palma Arenas, Palau, Tamayos, Malaya, Ballena Blanca o Andratx, no debieran ocupar más de un párrafo en un diario de provincias, sino además un sistema judicial anclado en sus lealtades que ha terminado por asumir las tesis del sin par Arenas de que lo que está bajo sospecha es toda Andalucía. ¿Qué sentido tiene investigar los casos en los que hay indicios cuando se puede investigar toda la vida pública de Andalucía si no es porque esta tierra entera es poco de fiar?

Por supuesto que no es el gobierno valenciano el que está bajo sospecha, a pesar de Gürtel, ni el catalán con el Palau, ni la Diputación de Murcia, con Fabra, ni el Ayuntamiento de Málaga con sus piscinas, ni los ayuntamientos de Madrid ni su comunidad con los espías de Aguirre, ni el gobierno de Galicia ni sus ayuntamientos, ni el gobierno balear, con Jaume Matas, ni el tesorero del PP ni muchos otros. No, es Andalucía la sospechosa y la que merece que Arenas, ¡qué triste papel el de este hombre!, haga un decálogo de la honestidad política sin que se le caiga la cara de vergüenza y traiga, desde Madrid, a la señora Santamaría o al señor González Pons para insultarnos porque Andalucía está bajo sospecha desde siempre o, al menos, desde que, incompresiblemente, no vota al señor Arenas y eso, para este soberbio y triste personaje y sus amigos, es más que sospechoso.
Juan Cañavate

DESPEDIDA A SARAMAGO


Cuando murió saramago publiqué en el Granada Hoy esta columnilla.


Una mancha azul
No sé si fue el destino el que llenó la sombra del naranjo, en medio de la plaza, con un fado, inexplicablemente alegre, y si ayudó la suerte dibujando el sueño, inevitablemente dulce, de una mujer, un violonchelo, una guitarra y un traje azul magenta, pero no creo que fuera un sueño, sino más bien eso que llaman la mera coincidencia del azar con la necesidad de montar el escenario para la ocasión.
Aunque también pudiera ser que algo había oído de un traje rojo y otro chelo sonando en otra plaza más lejana y para otra ocasión y también pudiera ser que, en estas últimas noches, duermo mal. Pero creo que no, que era real y que cantaba con una voz de mar en medio de la plaza y hasta creo que con ella recordé la primera vez que visité Lisboa y otra, algunos años más tarde, en una madrugada memorable de trece de julio, entre amigos y sones de la Marsellesa. –Recuerde caballero, que Portugal es una república-, decía con mal disimulado orgullo el lisboeta.
No sé porque pienso en Tavira, en Mantarrota, en Olhao, en el sereno azul de algas y de arena. Será porque he dormido mal la última noche.
Me suele ocurrir en el solsticio, que suele ser la fecha que escogen los hombres de ojos grandes para subir al cielo que no existe, aunque igual el cielo está poblado de cangrejitos ciegos y cerca del Mirador del Río y no sé por qué recuerdo ahora el verano del 73, en una casa blanca en Arrecife entre ron de Arehucas y sancocho de pescado y pejines secos. Sí, creo que si está, por allí andará el cielo; cerca de donde muere el sol y se guarda la luz entre la arena de la Geria.
No sé por qué se me van escapando los recuerdos mientras el fado sigue llenando las terrazas y los veladores y hace volar la mancha azul de aquel vestido en medio de la plaza.
Serán cosas del tiempo que va dejando huellas y hasta ausencias, aunque haya cosas, gentes, que no se marchan nunca, que siempre se quedan esperando que suene un dulce chelo para volver a llamar a nuestra puerta con una familiar sonrisa y esas gafotas de pasta gigantescas para verlo todo y dudar de todo salvo del amor y de la risa.
No, el viejo agnóstico y sagaz no es de los que dejan la habitación y salen sin cerrar la puerta ni echan a andar hacia el silencio con la mirada baja.
No, él es de lo que siempre están y ríen.   

Juan Cañavate
      

domingo, 10 de abril de 2011

SECTOR PÚBLICO EN RETROCESO

La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) ha sido autorizada por el Consejo de Ministros  para la venta del 10% de Red Eléctrica de España (REE) al sector privado.
Entre esta venta y otras a las que ha sido igualmente autorizada, el grupo público pretende alcanzar un beneficio consolidado de 240 millones de euros en 2011 a cambio de "privatizar" sectores estratégicos de la economía española y, sobre todo, de su industria.
Curiosamente, la rápida venta, una vez emitido informe por el Consejo Consultivo, entra en contradicción con las tesis defendidas por numerosos especialistas que plantean la necesidad de recuperar cuotas importantes de decisión por parte del Estado en sectores estratégicos y especialmente en la energía. El debate en torno a la energía nuclear, tras el accidente provocado en la central de Fukushima, ha orientado igualmente las posibles  líneas de intervención sobre este tipo de energía, más en el control público de las mismas, que en su desaparición definitiva.
La propuesta del gobierno español, se alinea así con las posiciones más conservadoras en defensa del negocio privado frente a la seguridad y el control público de sectores de especial relevancia estratégica. 

LA COLUMNA DEL JUEVES


la columna

Peones camineros


EN la inenarrable aventura ultramarina que fue mi infancia, mi madre que se había dejado caer por el norte de África desde las profundas tierras castellanas sin que, al parecer, le hubiese afectado demasiado el cambio al exótico paisaje y seguía prefiriendo las judías del Barco al cus-cus, mantenía una clasificación establecida de la escalada hacia el despropósito que, con asiduidad, solíamos practicar mi hermano y yo. Podíamos, según sus sólidos valores y siguiendo una baremación ascendente, tener ideas de Cascorro, cosas de bombero o, ya en el top de la lista, hacer cosas de peón caminero y, durante todos aquellos inolvidables años, tanto mi hermano como yo, fuimos plenamente conscientes de nuestra ubicación en cada caso y ante cada uno de nuestros actos cotidianos, aun sin tener muy claro qué barbaridades había hecho el buen Cascorro a pesar de sernos muy familiar su figura, incluida la lata, por las visitas que hacíamos al rastro de Madrid cada vez que, en vacaciones volvíamos a España a visitar a la familia. Tampoco, aparte de la exagerada costumbre de romper puertas a hachazos, sabíamos muy bien qué tenían de malas las cosas de los bomberos y, mucho menos, las de los peones camineros. La verdad es que el tiempo me hizo olvidar la historia hasta que hace poco y ante una propuesta un tanto estrafalaria por mi parte, volvió a insistir con contundencia mesetaria: -hijo mío, tienes cosas de peón caminero-.

Puesto a escarbar en el asunto y consultando a unos y a otros, acabé por deducir que estos buenos personajes de la España autárquica, tenían por costumbre reconocida, suplir con imaginación, por no decir con improvisación, las deficiencias tecnológicas y la falta de materiales necesarios para arreglar los desperfectos que en los caminos se iban produciendo y así, con unas cuantas chapuzas y remiendos, ir tirando con los baches y derrumbes de unas comunicaciones que aportaban su granito de arena a un desarrollo que nunca dejó de tener como seña de identidad un I+D que, traducido, venía a ser Improvisación y Desconcierto.

Ahora que el tiempo ya ha pasado y que aquellos difíciles años están lejos, se percibe sin embargo, que la impronta caminera ha quedado fijada a nuestros genes como una factor preciso y determinante de nuestro know-how, como una especie de educación sentimental imprescindible que se traduce en cada uno de nuestros actos como país, sobre todo, en lo que a los políticos se refiere. Cuando miro, por ejemplo, las actuaciones del último gobierno en materia económica y social que tan alta factura le han pasado al presidente, no dejo de pensar, con afecto, en los peones camineros.

lunes, 4 de abril de 2011

VINO TINTO

En un sentido homenaje al desorden, he decidido tomarme un buen vino con gaseosa y una rodaja de limón. Es un combinado muy español que antes se llamaba vino con Casera y ahora se llama tinto de verano.
La verdad es que está bueno y si se mezcla con espetos de sardinas adquiere connotaciones homéricas.

No sé si todo el mundo al que puede llegar este blog sabe lo que es un espeto de sardinas, algo familiar para los del sur de Andalucía, pero un tanto extraño para personas que vivan más al norte, por ejemplo en Holanda o más al oeste por ejemplo en Argentina donde lo que se suele espetar es una vaca.
Los espetos de sardinas se hacen con cañas afiladas donde se insertan cinco o seis sardinas, luego se colocan en un fuego muy vivo que suele hacerse en la arena de la playa. Nada más: el resultado es espectacular. Digno de epopeyas.
El desorden es igualmente espectacular.
No contentos con tener un presidente de gobierno que ha decidido hacer honor a sus compromisos y a su sentido común y no repetir como candidato, un miembro del gobierno andaluz ha decidido, según palabras de un buen amigo, emular a Sansón y echar abajo el templo con los filisteos dentro y él también, claro.
Total que mañana toca recoger los cacharros rotos y llamar a la cuadrilla de la limpieza.
Y la derecha cavernícola a sus anchas y esperando en la barra del chiringuito a que las sardinas estén hechas para comérselas.

sábado, 2 de abril de 2011

EL MITO DEL GRIAL

El mito del Grial recorre la alta Edad Media a partir de las reinterpretaciones literarias de las leyendas y sagas artúricas.
A mí me hace gracia pensar que el mito está en saber mirar de otra forma lo que está cerca.
Si se gira el mapa 90 grados todo adquiere otro aspecto y significación. El norte deja de ser el norte y el sur deja de ser el sur. Un cáliz casi perfecto recoge el fluido primigenio donde nació la civilización.